domingo, 29 de agosto de 2010

Quiero contagiarme de tus ansias de vivir.


Esta tarde he vuelto a nuestro rincón, aquel en el que tú me leías poesía, me enseñabas a vivir. Tracé con un dedo en el aire tu figura y me senté junto a su recuerdo para que me contara que fue de ti y de tu sonrisa. El viento juega con mi pelo y me susurra nuestra canción, tal y como tu solías hacer. Todo parece estar en su lugar, cada hoja en su rama, cada rayo de sol en su ventana, cada estrella en tu mirada. ¿Qué fue lo que cambio?¿Por qué tus ojos evitan los míos cuando trato de atraparlos?¿Por qué tu voz tiembla cuando de amor hablas?¿Por qué ibas a pensar que ya no te quiero?...

Quizás, inocente, ciega, sorda; estúpida... no supe entender lo que a gritos me decías.

Y hoy estrechando lo que queda de ti entre mis brazos, pido que vuelvas a leerme aquellas poesías en las tardes infinitas del verano, solo quiero volver a verte y contagiarme de esas ansias tuyas de vivir. Ser lo que un día fuimos y lo que podremos ser... Pero solo será posible si tú vuelves junto a mi.

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